Prometí escribir más a menudo, lo estoy cumpliendo. ¡Ole por mí y por mis ganas!
Este cartel se encuentra a la entrada del gym pero sirve para todo :)
He de reconocer que considero esta receta como una de las más anárquicas que se me han ocurrido. No por la mezcla de ingredientes si no por la invención y estado de los ingredientes que no es que estuvieran caducados ni lo más mínimo pero sí es cierto que llevaban en la despensa como unos cuantos meses...
Todo surgió con otra jornada de "Vino y queso" en mi piso antiguo con los de siempre aunque luego hubo más incorporaciones nuevas que originarios.
Esta entrada será rapidita, no tengo tiempo esta vez para realiarme...
Bueno, la idea me surgió pensando qué quesos llevar y/o preparar y recordando qué quesos tenía en la nevera, recordé el roquefort y me apeteció inventar algo. Dándole vueltas, rememoré el viaje que hice hace unos años a Asturias y la visita a un Lagar (lugar dónde se produce la sidra) dónde nos explicaron que los pastores de allí hacían una mezcla de cabrales, sidra y nueces que les daba mucha energía y que estaba delicioso. Nos hicieron una pequeña muestra y doy fe de que estaba buenísimo.
Pues de ahí, se me ocurrió hacer algo parecido pero con lo que tenía por casa:
Ingredientes
- Un buen trozo de Queso Roquefort (yo tengo el de mi bar que está muy bueno y me sale gratis)
- Un paquetito de mezcla de frutos secos (yo tenía un paquete al fondo de la despensa un poco blanditos ya pero como hay que triturarlo, no se nota jajajaja) que las nueces están muy caras y yo he de pagar una hipoteca!!!
- Medio vaso de hidromiel (¿Qué es la hidromiel? Resumidamente, es una bebida alcohólica basada en fermentación de agua y miel). Yo tengo una botella de fabricación casera que me la regaló un amigo el día de mi cumpleaños y como está bastante fuerte, no se había encartado tomarla sola todavía.
Pasos a seguir:
Lo más fácil del mundo...
1. Echas en el vaso de la batidora el puñado de frutos secos, ni me molesté en quitar las bolitas esas amarillas que nadie sabe qué es y lo trituras hasta que quede a trocitos pequeños aunque tampoco llegue a convertirse en arena.
2. Añade en el vaso un buen trozo de roquefort y medio vasito de hidromiel.
3. Batir con la batidora hasta que quede todo más o menos mezclado, advierto que el color que toma no es especialmente bonito pero sí gustó mucho y se acabó pronto que fue lo importante.
4. Probar y añadir más roquefort o hidromiel según gusto.
5. Servir con panecillos para untar y un puñado de pasas o arándanos secos de acompañamiento.
Música:
Esa noche sonó ZAZ, los dos discos... una y otra vez mientras charlábamos sin parar. Por eso, ahí va una de mis canciones favoritas: Prends Garde À Ta Langue (Cuidado con tu lengua!)
No tengo perdón de dios... lo sé... ya ha habido varias
reclamaciones sobre lo abandonado que tengo el blog pero es que una no
ha tenido un verano usual como quien dice.
Pero bueno, era
necesario publicar ya la receta del Bocadillo del Verano 2014 (receta
anual para días de domingueo playero que se inicia con la visita de
Mónica desde Madrid) que aunque lo haya preparado menos veces que el
anterior (nos hemos vuelto más sibaritas y los días de playa hemos
acabado de bares), he de reconocer que me encantó el resultado y a mis
degustadores más.
Lo peor de esta receta es que requiere un
poco más de elaboración y, a diferencia del Bocadillo del Verano 2013,
es más complicado hacerlo por la mañana con resaca como hicimos Mónica y
yo el del año pasado con el susodicho. Aún así y aunque lo hiciera
corriendo, si es posible dejarlo todo listo el día anterior (yo tuve a
dos pedazos de pinches la mar de guapos y bien hechos) y sólo montarlo
antes de salir para la playa.
Ingredientes:
- Minibaguettes integral.
- Calabacín.
- Berenjena.
- Tomate natural.
- Pimiento verde.
- Cebolla morada (que es un poco más picante y dulce que la normal aunque aquí no importa, simplemente era la que tenía a mano).
- Queso de untar.
- Queso de cabra.
- Filetes de pollo.
- Especias varias (Yo aquí me vuelvo loca y empiezo a coger botes de forma indiscriminada aunque generalmente a los filetes de pollo le echo orégano, pimienta molida con molinillo que la que ya viene molida es como arena y no me gusta, tomillo y ajo en polvo).
- Medio limón.
- Sal.
Foto de la cocina del piso de José Laguillo, añeja pero apañá.
Como podéis ver, más sano imposible, completo y riquísimo.
Pasos a seguir:
Ya indiqué antes que requiere más elaboración que el del año pasado y que yo lo hice la noche anterior con prisas y por la mañana lo montamos pero tampoco es muy complicado:
1. Lavar bien las verduras con agua y un estropajo ya que se tratan de verduras que se comen con piel y me da yuyu los pesticidas y demás historias, yo tengo un estropajo sólo para eso.
2. Cortar en rodajas de un centímetro el calabacín, berenjena, cebolla, tomate (un poco más fino) y el pimiento. A día de hoy ya tengo una preciosa mandolina que me facilita la tarea de una forma descomunal aunque ya pueda mostrar varias heridas de guerra tras el uso de la misma porque son cuchillas muy afiladas...
3. Cortar el pollo a tiras no muy finas que luego se quedan en nada y muy seco.
4. Por orden y de forma separada, ir haciendo a la plancha, con una gotita de aceite y un poco de sal, las verduras a rodajas:
+ Tomate natural (siempre me gusta más hacer el tomate lo primero porque suelta jugo y al hacer el resto de verduras se impregnan de su sabor).
+ Cebolla que suele tardar un poco más en hacerse.
+ Calabacín (aquí me gusta echarle un poco de limón y orégano para darle más sabor).
+ Berenjena.
+ Pimiento verde.
5. En la misma sartén, echar más aceite, poner el pollo a hacerse a la plancha y aquí es dónde yo me pongo juguetona con las especias aunque ya os he comentado que no suele faltar el orégano, pimienta molida (en el momento), tomillo y ajo en polvo. Cuando ya esté listo, exprimir medio limón y apagar.
6. Cortar el pan por la mitad, repartir el queso de untar para que se quede más jugoso y poner los todas las verduras de forma anárquica.
7. Colocar encima las tiritas de pollo y encima rodajas de queso de cabra.
8. Lo obvio pero no por ello más importante, colocar la otra rebanada de pan para cerrar el bocadillo.
Esta
receta, en realidad, no tuvo ninguna música de fondo ya que no había
mejor sonido que Antonio Jesús metiendo prisa porque llegaba Mónica a
Santa Justa y no estabamos allí para recogerla con la pancarta tal y
como se merece:
Menciones especiales:
Creo
que es necesario dedicarle un espacio en este post a todas las personas
que gentilmente nos ayudaron o intentaron ayudarnos a sacar el coche
con sus geniales ideas cuando el día de playa se tornó un poco nublado
al aparcar en una zona... digamos... movediza y dónde finalmente tuvimos
que llamar a la grúa para que nos sacaran.
Y aunque pasaran mil cosas, fue un día grandioso. Deseando que ya llegue el verano 2015
P.
D. Intentaré escribir más a menudo ahora que tengo una pedazo de cocina
para trabajar y pendientes varias celebraciones de inauguración de mi
pisaco :)
Uuummm... después de más de dos meses sin escribir nada de cumpleaños, viajes, comidas navideñas, robo de móvil, gimnasio, etc. creo que ya era hora. Tengo varias recetas en Borradores pero nunca termino de encontrar el hueco para ponerme a escribirlas, al final las sigo dejando aparcadas y voy a publicar una receta nueva que se me ocurrió hace un par de semanas.
Como siempre, el invención de la receta fue causa de un evento social y es que no hay nada mejor que la promesa de una reunión de amigos para dar rienda suelta a mi imaginación e intentar hacer que disfruten de algo especial pensado para ellos.
Esta vez tocaba la inauguración del piso de Lourdes que se ha comprado en Triana, que llevaba celebrando desde antes de Navidad y, para los asistentes al evento y allegados, saben que tenía un doble motivo de celebración.... jejeje no puedo evitar sonreír de alegría al recordar esa tarde, siento que quizás no tuvo la acogida que deseábamos pero para mí fue grandioso.
Bueno, venga que me pongo a recordar y sonreír y ya dejo de escribir... El caso es que era un día importante y era la primera vez que hacía alguna receta anárquica para mis amigos de toda la vida de Peñaflor que venían a conocer el piso y quería que fuera algo original pero que no me ocupara mucho tiempo y así, como siempre, empecé con mi fiel escudera Maite a pensar qué podría hacer. No nos venía nada a la mente hasta que, gracias a un comentario inocente de ella sobre unas palmeras que había hecho otra compañera de trabajo, se me ocurrió hacer una versión de las mismas y de ahí surgieron las Palmeritas Tropicales Trianeras.
Ingredientes:
- Plancha de hojaldre ya laminado de los de cualquier centro comercial (jejeje yo aproveché que soy hija de pastelero para pedirle a papi que me guardara una lámina del hojaldre que él hace...)
- Queso de untar
- Pimienta molida (adoro el molinillo de popurrí de pimientas de Mercadona)
- Jamón de York
- Cebolla
- Piña en su jugo
- Mozarella
Pasos a seguir:
# Para las palmeras de base:
A mí me dijo papi cómo tenía que hacerlo pero no hice fotos y es difícil de explicar sin imágenes así que voy a aprovechar que este trabajo ya lo tiene otro chico en su blog y consultadlo ahí:
La única variación es que NO hay que echarle ni una gota de azúcar, el resto, igual.
Así quedaron las mías:
Hay que aclarar que mi padre me hizo la masa pero yo fui quien hizo las palmeritas
y así de bonitas quedaron!
# Para decorar las palmeras:
1. Picar la cebolla finita en trocitos pequeños y reservar.
2. Picar el jamón de york en trocitos pequeños y reservar.
3. Picar la piña en trocitos pequeños y reservar.
4. Untar las palmeritas con el queso y añadirle la pimienta molida (cómo a mí me gusta que se note el sabor de la pimienta le eché bastante).
5. Colocar los trocitos de jamón de york, piña y cebolla de forma estratégica para que se noten todos los sabores (ya quien me conoce sabe lo petarda que puedo ser con esto...).
6. Espolvorear con la mozarella y añadir un poco más de pimienta molida.
7. Gratinar las palmeritas, sólo con la parte de arriba del horno para fundir un poco el queso.
... y éste fue el resultado!!!
Nota: He de puntualizar que, además de la ayuda de papi para el hojaldre de las palmeras, también tuve la ayuda de mi entrenador que fue un magnífico pinche en todos los pasos de la segunda parte de la receta.
Música:
Pues le he dado vueltas a este tema... ¿qué música podría poner? Al final he decidido que debería poner una de las Spice Girl ya que el primer recuerdo que tengo de Lourdes fue con unos 11 años, cuando llegó al colegio el primer día de clase y en una piedra grande que había en el patio se montó, empezó a cantar y a bailar las Spice Girls y yo me dije a mí misma: ¿y ésta de dónde ha salido? Pues desde entonces, cada vez que escucho la canción Wannabe no puedo evitar revivir a ese momento...
Por supuesto que no sonaba cuando cociné y tampoco lo puso cuando estábamos en su casa pero esta canción es para ella porque desde ese primer momento en que la conocí no ha cambiado y sigue siendo igual de activa, simpática, cómica y, porqué no decirlo, igual de bajita aunque eso no impide que sea una grandísima persona a la que quiero un montón y a la que, a día de hoy, tengo que agradecerle muchas cosas en general y una en particular.
Por fin, esta noche después de mi excursión semanal a Utrera y sin tener que madrugar mañana porque estoy en huelga, he podido finalizar este post que tengo en el tintero desde hace medio mes.
Tras la semana, o quizás las dos semanas, más agobiantes en mucho tiempo por trabajo, cursos, mocos, afonía y vida social considerable, tocaba como colofón final un almuerzo dominguero con mis compañeros de trabajo así que decidí aprovechar el momento para dejar que esta cabecita que no para inventara algo para llevar a la comida y sorprender a la gente.
Aún sin saber si iba a poder ir a la barbacoa debido a mi estado de salud, desde el viernes a media mañana empecé a trajinar con Maite posibles recetas. Tras un brainstorming dónde nada nos cuadraba, le propuse esta receta que no le cuadró mucho pero que a mí ya me había ganado. Al final creo que conseguí convencerla y, tras el éxito que tuvo, ha tenido que ceder y considerarla digna de ser publicada.
No me extenderé mucho que las cervecitas/vinos utreranos ya empiezan a tener efectos somníferos y me pesan los ojitos.
Ingredientes:
- Arroz para ensaladas (como siempre, Mercadona nos salva la papeleta)
- Cebolla fresca
- Calabacín
- Pasas
- Zumo de limón
- Orégano
- Dos yogures naturales, no azucarados.
- Roquefort
- Pimienta, aceite, sal.
Pasos a seguir:
Ha sido la primera vez que he realizado una receta anárquica en
casa de papi y mami, lo que es una gozada debido al espacio y menaje. En
realidad, la receta la realicé dos veces durante el fin de semana ya
que utilicé a mi familia el sábado como conejillos de indias antes de
cocinarla para la gente del trabajo. Ese fin de semana me iba a salir
arroz por los poros...
1. Cocer el arroz según las instrucciones del paquete, esto hasta una ameba es capaz de hacerlo. Una vez esté cocido, enjuagar con agua fría para que se quede suelto.
2. Lavar el calabacín y cortarlo a daditos.
3. Saltear el
calabacín sin que se haga en exceso con pimienta molida y un poco de
sal. Justo en el momento antes de apagar el fuego, añadir el zumo de
medio limón exprimido.
4. Dejar que se enfríe.
5. Picar la cebolla finita y reservar.
Ahora
vamos a realizar la salsa. Aquí es dónde saltaran los grouppies de la
Termomix y dirán que porqué no la hago ahí, que es una maravilla y
superrápida. Sí... por supuesto... y luego dedicar media hora a
limpiarla también es una maravilla. Nada nada, yo soy de cucharita y
brazo, al menos para una salsa tan sencilla como esta.
6.
Verter los dos yogures en un vaso ancho (yo utilicé una jarra de
cerveza de los 100 Montaitos que sustraje en mi época de delincuente).
7. En un cuenco, poner un buen trozo de roquefort y, con cuidadito, derretir en el microondas.
8. Añadir el roquefort y el zumo de medio limón al vaso dónde tenemos los yogures.
9.
Batir con el bracito y una cuchara hasta que se quede una mezcla
homogénea. Aquí ya me dedico a probar la salsa hasta que me resulte
armoniosa la mezcla, es decir, si veo que sabe poco a roquefort, le
agrego más o si veo que me he pasado con el limón, le agrego un poco de
leche u otro yogur. Recordemos que estamos en anarquía...
10. Incorporar esta salsa al calabacín que habíamos reservado y que ya se habrá enfriado.
11.
Verter el arroz en un bol, añadir
la cebolla picada y un buen puñado de pasas, a mí me gustan mucho así
que soy bastante generosa con ellas. Agregar un poquito de aceite de
oliva y mezclar.
Aquí, en la presentación, es dónde varió la receta del sábado (familiar) frente a la del domingo (laboral):
(a) Sábado
Agregar
el calabacín y la salsa al arroz pero no mezclarlo. Esta opción es
factible cuando se sirve posteriormente en platos individuales ya que
cada uno escoge qué cantidad de arroz y qué cantidad de salsa se sirve. Espolvorear un poco de orégano.
(b) Domingo
Para
estar en una barbacoa dónde cada uno va picando de un sitio y otro,
opté por la opción de mezclarlo todo. Era lo más viable pero es cierto
que el arroz absorbió la salsa y, aunque tuvo mucho éxito, a mi gusto
estaba más pastoso.
Como conclusión, yo diría que la
primera opción era mejor aunque también hay que reconocer que estaba
recién hecho y que era la primera vez que lo probaba.
La verdad que ese domingo echamos un ratito muy bueno en casa de Cristina, rodeada de amigos (porque ya son muchos años trabajando juntos), niños y perros. Me encantó volver a ver a M Carmen que nos abandonó en Abril, a la que echo de menos y con la que me siento muy unida. Entramos el mismo día de becarias en la empresa directas a Gerhonte, compartimos barrio y coche durante años y siempre ha hecho que me sienta como en casa cada vez que la he visitado en Moguer.
Bueno, concluyo que me voy a quedar dormida con el portátil en la cama y no es precisamente la compañía que me gustaría tener a estas horas...
Música:
Esta canción se la dedicaré al Gerhontito ausente, nazareno de pro, compañero de cervezas, chófer ocasional y sufridor de mis scripts de CRP e indicadores que no vino a la comida por sus compromisos sociales y que eché en falta. Se la dedico no porque la identifiqué con él ya que de feo no tiene nada, fuerte... lo que se dice fuerte... bueno... el boxeo está dando sus frutos pero todavía falta un poco y formal, bien sabemos que de formal poco. Esta canción se la dedico porque sonó en su coche unos días antes de la receta cuando íbamos a tomarnos unas cervecitas después del trabajo. Esta canción me encanta desde hace años pero la tenía ahí almacenada en el cajón de los recuerdos a olvidar y, gracias a ese momento, recuperé sensaciones e instantes que ya no existían. Creo que es la canción que más veces he bailado saltando en la cama aunque esta vez la bailé en la cocina:
Cuando pensaba que este verano no iba a poder disfrutar de mis queridas escapadas domingueras y que iba a estar blanquita todo el verano, empezaron a surgir planes que me han dejado pocos findes tranquilos en casa (la pobre de mi madre puede dar fe), dónde la playa ha sido la gran protagonista y que han sido renovadores tanto física como mentalmente. La compañía ha sido magnífica y no puedo dejar de mencionar momentos gloriosos como el momento atascazo/resacoso de Matalascañas con mi madrileña del cual surgieron fotos muy chulas, mi urgencia urinaria en el coche de Nacho o la determinación de ir a Cádiz por Nacional, desayuno en bar de carretera y retenciones correspondientes por El Cuervo escuchando el disco mix creado por Enrique. Además del bocadillo que posteriormente detallaré, en el kit playero no podía faltar el tinto de verano con los vasos de maceta y cañitas de colores, patatas fritas y otras cositas de picoteo (acabo de acordarme de los hojaldres de verduras y roquefort que os preparé el día de Mazagón, ya lo publicaré un día).
Este ha sido el Kit de Playa de hoy, faltan los tomates cherry que estaban en la nevera. Ahm y no podemos olvidarnos de ese paquete de cañitas compradas el primer día que nos ha acompañado en todas las jornadas playeras y, viendo las que quedan, nos van a acompañar varios años...
Bueno, vayamos al tema que nos atañe que ya se acaba el verano y hoy ha sido lo que seguramente sea mi última jornada estival de playa...
Aunque es cierto que parte de los ingredientes de este bocadillo son pilares básicos en mi alimentación, nunca se me habia ocurrido fusionarlos y darle el toque determintante que lo hace original ya que la mezcla pavo, lechuga y queso es lo más común del mundo pero en esta receta, y sin que sirva de precedente ya que estamos en anarquía, soy muy estricta con el tipo/marca de ingrediente a utilizar.
Ingredientes:
- Pan de 6 cereales. No permito otro, las pipas que lleva le dan un toque buenísimo.
- Mix de escarola rizada, rúcula, col lombarda, espinacas y lechuga (jajaja dicho así asusta pero en realidad son bolsas ya mezcladas del Mercadona que me encantan)
- Queso de untar
- Pechuga de pavo
- Queso brie
- Mostaza (de la básica, para esto no es recomendable otra más potente)
- Árandanos (descubiertos en Territorios gracias a Evita y que se han convertido en una adicción. Además de estar ricos ricos, son super sanos y muy recomendados para combatir la cistitis que dado el verano tan malito que he pasado con este tema, es de agradecer).
jajaja sí... venga... me habéis pillado... Fernando Roig me ha pagado para que escriba este blog, lo admito...
Pasos a seguir:
Pues aunque se piense que al realizar un bocadillo puede aplicarse la propiedad conmutativa, el orden de los factores sí altera el producto y por ello exijo, contradiciéndome en mi anarquía, que se monte en el siguiente orden:
1. Repartir por el pan el queso de untar para que se quede más jugoso.
2. Colocar cuidadosamente el mix de ensaladas. Yo soy muy puntillosa, voy ubicando las hojas en modo tente porque le pongo bastante y puede derrarmarse.
3. Los arándanos los voy estratégicamente colocando en los huecos que han quedado entre las hojas de la ensalada, uno a uno, detenidamente. A veces dos o tres juntos... o ninguno... así vas notando los cambios de sabores al comer.
4. Añadir la mostaza, tampoco en exceso que se mata el sabor del resto de los ingredientes, basta que fije la lechuga.
5. Colocar las láminas de pavo.
6. Cortar el queso brie en trozos de medio centímetro de grosor y repartirlo encima del pavo.
7. Lo obvio pero no por ello más importante, colocar la otra rebanada de pan para cerrar el bocadillo.
Jah!!!Y éste es el precioso resultado :)
Nota Importante: Quien me conoce sabe que soy una ferviente defensora de calidad frente a cantidad y, en este caso, ordeno que no se añada ningún ingrediente en exceso, deben ir todos en armonía porque si no, no resulta como debe y es una pena.
Música:
Aunque ayer en la elaboración de esta receta yo estuve escuchando a Pony Bravo, recordando la gran noche del viernes, esta receta tiene su canción única extraída del disco mix de Enrique y que yo no conocía hasta entonces:
jajaj en serio, esos momentos en la burbujita cinco personas bailando/cantando con la canción de Mario Vaquerizo y las Nancys Rubias a todo volumen fueron grandiosos... me encanta!!
Bueno, bueno... Hoy domingo, día del señor, toca publicar algo ligerito. Tras el post del otro día, me puse a recordar las jornadas de vino y quesos y recordé la que hicimos en casa de Nacho allá por Marzo y caí en publicar la receta de la emulsión de zanahoria que hice esa noche y que, dada su gran acogida, también repetí el día de la despedida del piso de Alberto.
El origen de esta receta no es de ese día sino que surgió unos meses atrás debido a un excedente de zanahorias que tenía en la nevera y a un jueves de cervecitas, pizzas y wii con Gelo, el que fue mi conejillo de indias durante más de cinco años. El caso es que no sabía qué hacer con ellas, yo soy fan del aliño de zanahorias al estilo moruno pero no me daba tiempo ya que éstas están ricas tras un día de maceración con el aliño así que me puse a buscar recetas por internet dónde sólo veía cremas, aliños y algún que otro pastel, la cual ninguna me valía. Entre tanto, descubrí un paquete de nachos en la despensa y recordé la salsa de queso cheddar que tomábamos en el mexicano del barrio y, creo que por el color en común, se me ocurrió experimentar y surgió esta receta que tuvo gran éxito tanto esa noche como el resto de ocasiones en que la he preparado.
Ingredientes:
- 8/10 Zanahorias.
- Ajo (ya comenté que yo lo uso laminado y deshidratados), dos o tres láminas así que en caso de que sea fresco, pues uno chiquito.
- Comino.
- Salsa picante, en mi caso le echo piripiri que es una salsa portuguesa similar al tabasco. En su defecto, el pimentón picante es ideal.
- Aceite, sal.
- Un paquete de nachos para mojar.
Pasos a seguir:
1. Lavar bien las zanahorias y con un cuchillo rasparle la piel exterior.
2. Trocear las zanahorias en tres o cuatro partes.
3. Cocer las zanahorias y el ajo hasta que las zanahorias estén tiernas (recuerdo que la gestión del tiempo no es mi fuerte).
4. Una vez estén tiernas las zanahorias, escurrirlas pero no tirar el caldo generado que nos puede ser útil.
5. En el vaso de la batidora, poner las zanahorias y el ajo y batir hasta que se haga una masa que suele quedar bastante tosca, de ahí echar un poquito de caldo.
6. Sin dejar de batir, ir añadiendo poco a poco el aceite de oliva, tal y como se haría una mahonesa, y se podrá observar que va emulsionando poco a poco tomando una consistencia similar.
7. A partir de aquí, ya se trabaja al gusto del consumidor añadiendo la sal, el comino y la salsa picante dependiendo del paladar del cocinero.
8. Servir en cuencos junto los nachos para mojar.
Aunque no haya foto del resultado, está esta foto de esa noche que por algún motivo que desconozco, me encanta porque cada uno iba a lo suyo ignorando al fotógrafo:
Música:
Aunque el primer día de esta receta no es la jornada de vino y quesos en el piso de Nacho, esta receta me recuerda a la buena noche que echamos dónde no podemos olvidar que hubo gente a quien le pusieron las maletas en la puerta, confesiones sutiles de alcoba, paseitos por los bares de Triana y, por supuesto, vinos, quesos y risas.El caso que el piso de Nacho siempre me sonará a la BSO de Pulp Fiction por lo que hoy toca una canción de la misma:
P. D. Nacho, seguimos teniendo pendiente volver a ver Django.
Cuando disfrutas de la cocina y dejas de tener a quien sorprender con tus recetas anárquicas siempre te encuentras con un pequeño vacío que te sumerge en una desgana frente a las cacerolas y sartenes. Lo cuento porque lo he vivido en primera persona hace poquito. Todo esto es temporal, luego resulta que siempre hay gente dispuesta a saborear lo que les cocines y mostrarse agradecidos con tu trabajo.
Esto pasó el día que preparé los hojaldres de pimientos y queso para la despedida del piso de Alberto. Era un día triste porque abandonaba (mos) un lugar de reunión y buenos momentos pero también era para Alberto un día de despojo de otros recuerdos no tan agradables por lo que quería hacer algo que hiciera más especial ese día. Como siempre, se me ocurrió el día de antes y empecé a recordar qué podría cocinar que no me ocupara mucho tiempo (últimamente voy a contrarreloj) y que fuera original. Como siempre, tiré de mi pasión por el queso y recordé las tartaletas de crema y manzana que hace mi padre y decidí realizar una performance en salado. Todos se mostraron impresionados con el resultado y la broma de "- ¿Alberto puedo cocer mi hojaldre en horno? - Uumm qué rico seria si yo te dijera eso a ti..." dio para mucho. Guardo un precioso recuerdo de ese piso y de ese día en general, hubo risas, conversaciones de punto y final, más risas, música, comida y vino... mucho vino...
Ingredientes (salieron 9 tartaletas):
- Un bote de pimientos del piquillo (sustraído de la cocina de mi bar)
- Un rulo de queso de cabra
- Azúcar
- Vinagre Balsámico
- Cebolla
- Sal y orégano
- Plancha de hojaldre ya laminado de los de cualquier centro comercial
- Un huevo (que yo olvidé utilizar)
Pasos a seguir:
1. Picar la cebolla y dorar.
2. Escurrir los pimientos del piquillo y añadir a la cebolla en la sartén a fuego mínimo.
3. Remover con una cuchara de madera y, con la misma, machacar/trocear un poco la mezcla.
4. Añadir dos cucharadas de azúcar, un poco de vinagre y remover.
5. Dejar reposar y enfriar.
Aquí ya me duché de forma express, preparé la mochila dónde metí dos botellas de vino, un tupper con el relleno preparado anteriormente, el queso de cabra y el hojaldre laminado y caminito del centro que fui.
6. En casa de Alberto se encontraban esperándome Antonio y él que me recibieron con una bienvenida que mejor me reservo. Ya con copa de vino en mano, se expande el hojaldre y se corta en cuadrados de unos 10 cm de lado.
7. Pintar con el huevo estos cuadrados (yo me olvidé porque estos dos crápulas me tenían alterada)
8. Ponerlos en una bandeja de horno (yo dejé el papel que trae el hojaldre para evitar que se pegaran a la bandeja) y con un tenedor se pincha el centro de cada cuadrado para que no suba esa zona ya que irá el relleno y si sube, se derrama.
9. Poner en el centro de cada hojaldre una cucharada de la mezcla de pimientos y un trozo de queso de cabra.
10. Precalentar el horno y meterlo. Aquí no puedo decir ni tiempo ni temperatura porque estuve paseándome del salón a la cocina copa en mano más de media hora. Hacedlo así que a mí me funcionó.
11. Una vez ya estén dorados, apagar el horno y espolvorearle un poco de orégano.
et voilà!!
Música:
Ese piso de Alberto me suena a música francesa, risas, vino y queso. No sonaban en ese momento pero cualquier canción de la BSO de Amelie sería perfecta. Esta es mi favorita aunque no esté en francés.
Gran noche y gran mañana de resaca, pereza y mudanza...