Por fin, esta noche después de mi excursión semanal a Utrera y sin tener que madrugar mañana porque estoy en huelga, he podido finalizar este post que tengo en el tintero desde hace medio mes.
Tras la semana, o quizás las dos semanas, más agobiantes en mucho tiempo por trabajo, cursos, mocos, afonía y vida social considerable, tocaba como colofón final un almuerzo dominguero con mis compañeros de trabajo así que decidí aprovechar el momento para dejar que esta cabecita que no para inventara algo para llevar a la comida y sorprender a la gente.
Aún sin saber si iba a poder ir a la barbacoa debido a mi estado de salud, desde el viernes a media mañana empecé a trajinar con Maite posibles recetas. Tras un brainstorming dónde nada nos cuadraba, le propuse esta receta que no le cuadró mucho pero que a mí ya me había ganado. Al final creo que conseguí convencerla y, tras el éxito que tuvo, ha tenido que ceder y considerarla digna de ser publicada.
No me extenderé mucho que las cervecitas/vinos utreranos ya empiezan a tener efectos somníferos y me pesan los ojitos.
Ingredientes:
- Arroz para ensaladas (como siempre, Mercadona nos salva la papeleta)
- Cebolla fresca
- Calabacín
- Pasas
- Zumo de limón
- Orégano
- Dos yogures naturales, no azucarados.
- Roquefort
- Pimienta, aceite, sal.
Pasos a seguir:
Ha sido la primera vez que he realizado una receta anárquica en casa de papi y mami, lo que es una gozada debido al espacio y menaje. En realidad, la receta la realicé dos veces durante el fin de semana ya que utilicé a mi familia el sábado como conejillos de indias antes de cocinarla para la gente del trabajo. Ese fin de semana me iba a salir arroz por los poros...
1. Cocer el arroz según las instrucciones del paquete, esto hasta una ameba es capaz de hacerlo. Una vez esté cocido, enjuagar con agua fría para que se quede suelto.
2. Lavar el calabacín y cortarlo a daditos.
3. Saltear el
calabacín sin que se haga en exceso con pimienta molida y un poco de
sal. Justo en el momento antes de apagar el fuego, añadir el zumo de
medio limón exprimido.
4. Dejar que se enfríe.
5. Picar la cebolla finita y reservar.
Ahora
vamos a realizar la salsa. Aquí es dónde saltaran los grouppies de la
Termomix y dirán que porqué no la hago ahí, que es una maravilla y
superrápida. Sí... por supuesto... y luego dedicar media hora a
limpiarla también es una maravilla. Nada nada, yo soy de cucharita y
brazo, al menos para una salsa tan sencilla como esta.
6.
Verter los dos yogures en un vaso ancho (yo utilicé una jarra de
cerveza de los 100 Montaitos que sustraje en mi época de delincuente).
7. En un cuenco, poner un buen trozo de roquefort y, con cuidadito, derretir en el microondas.
8. Añadir el roquefort y el zumo de medio limón al vaso dónde tenemos los yogures.
9.
Batir con el bracito y una cuchara hasta que se quede una mezcla
homogénea. Aquí ya me dedico a probar la salsa hasta que me resulte
armoniosa la mezcla, es decir, si veo que sabe poco a roquefort, le
agrego más o si veo que me he pasado con el limón, le agrego un poco de
leche u otro yogur. Recordemos que estamos en anarquía...
10. Incorporar esta salsa al calabacín que habíamos reservado y que ya se habrá enfriado.
11.
Verter el arroz en un bol, añadir
la cebolla picada y un buen puñado de pasas, a mí me gustan mucho así
que soy bastante generosa con ellas. Agregar un poquito de aceite de
oliva y mezclar.
Aquí, en la presentación, es dónde varió la receta del sábado (familiar) frente a la del domingo (laboral):
(a) Sábado
Agregar
el calabacín y la salsa al arroz pero no mezclarlo. Esta opción es
factible cuando se sirve posteriormente en platos individuales ya que
cada uno escoge qué cantidad de arroz y qué cantidad de salsa se sirve. Espolvorear un poco de orégano.
(b) Domingo
Para
estar en una barbacoa dónde cada uno va picando de un sitio y otro,
opté por la opción de mezclarlo todo. Era lo más viable pero es cierto
que el arroz absorbió la salsa y, aunque tuvo mucho éxito, a mi gusto
estaba más pastoso.
Como conclusión, yo diría que la
primera opción era mejor aunque también hay que reconocer que estaba
recién hecho y que era la primera vez que lo probaba.
La verdad que ese domingo echamos un ratito muy bueno en casa de Cristina, rodeada de amigos (porque ya son muchos años trabajando juntos), niños y perros. Me encantó volver a ver a M Carmen que nos abandonó en Abril, a la que echo de menos y con la que me siento muy unida. Entramos el mismo día de becarias en la empresa directas a Gerhonte, compartimos barrio y coche durante años y siempre ha hecho que me sienta como en casa cada vez que la he visitado en Moguer.
Bueno, concluyo que me voy a quedar dormida con el portátil en la cama y no es precisamente la compañía que me gustaría tener a estas horas...
Música:
Esta canción se la dedicaré al Gerhontito ausente, nazareno de pro, compañero de cervezas, chófer ocasional y sufridor de mis scripts de CRP e indicadores que no vino a la comida por sus compromisos sociales y que eché en falta. Se la dedico no porque la identifiqué con él ya que de feo no tiene nada, fuerte... lo que se dice fuerte... bueno... el boxeo está dando sus frutos pero todavía falta un poco y formal, bien sabemos que de formal poco. Esta canción se la dedico porque sonó en su coche unos días antes de la receta cuando íbamos a tomarnos unas cervecitas después del trabajo. Esta canción me encanta desde hace años pero la tenía ahí almacenada en el cajón de los recuerdos a olvidar y, gracias a ese momento, recuperé sensaciones e instantes que ya no existían. Creo que es la canción que más veces he bailado saltando en la cama aunque esta vez la bailé en la cocina:



